El diario de Alonzo Typer
El diario de Alonzo Typer 30 de abril: Ha llegado el momento. Despertaré la pasada noche para ver el cielo resplandecer con una incesante radiación verdosa… el mismo verde enfermizo que he visto en los ojos y piel de ciertos retratos de aquí, en el espantoso cerrojo y llave, en los monstruosos menhires de la colina y en un millar de otros reflejos de mi conciencia. Hubo estridentes susurros en el aire, sibilantes pitidos como los del Viento alrededor de aquel temible crómlech. Algo me hablaba desde el helado éter del espacio y dijo: «La hora se aproxima.» Es un presagio, y me río de mis propios miedos. ¿Acaso no tengo las terribles palabras de los Siete Signos Perdidos del Terror… el poder coercitivo sobre cualquier Morador del cosmos o de los oscurecidos espacios desconocidos? No dudaré mucho tiempo. Los cielos están muy oscuros, como si una terrible tormenta se aproximase, una tormenta aún más terrible cerca de una quincena atrás. Desde el poblado como a un kilómetro escucho un extraño y desusado farfulleo. Es como pensaba: esos pobres y desgraciados idiotas están en el secreto y guardan el espantoso Sabbath en la colina. Aquí, en la casa, las sombras se hacen más densas. En la oscuridad, la llave parece relucir ante mis ojos con una luz verdosa propia. Aún no he estado en el sótano. Es mejor que esperé, no sea que el sonido de esos murmullos y roces esas reverberaciones deslizantes y amortiguadas me enerven antes que pueda abrir la puerta del destino.