El Horror de Dunwich
El Horror de Dunwich Por entonces, Wilbur era ya un estudioso de impresionante erudición —si bien a su parcial manera—, y empezaba a ser conocido por la correspondencia que mantenÃa con numerosos bibliotecarios de remotos lugares en donde se guardaban libros raros y misteriosos de épocas pasadas. Al mismo tiempo, cada vez se le detestaba y temÃa más en la comarca de Dunwich por la desaparición de ciertos jóvenes que todas las sospechas hacÃan confluir, difusamente, en el umbral de su casa. Pero siempre se las arregló para silenciar las investigaciones ya fuese mediante el recurso a la intimidación o echando mano del caudal de antiguas monedas de oro que, al igual que en tiempos de su abuelo, salÃan de forma periódica y en cantidades crecientes para la compra de cabezas de ganado. Daba toda la impresión de ser una persona madura, y su estatura, una vez alcanzado el lÃmite normal de la edad adulta, parecÃa que fuese a seguir aumentando sin lÃmite. En 1925, con ocasión de una visita que le hizo un corresponsal suyo de la Universidad de Miskatonic, que salió de la reunión que sostuvieron lÃvido y desconcertado, medÃa ya sus buenos seis pies y tres cuartos.