El Horror de Dunwich
El Horror de Dunwich El lunes apenas difirió de la víspera para Armitage, pues la tarea en que estaba embarcado requería continuas búsquedas y experimentos. Nuevas consultas del diario de aquel monstruoso ser trajeron como consecuencia una serie de cambios en el plan originalmente trazado, y, con todo, sabía que al final seguiría adoleciendo de grandes fallas y riesgos. Para el martes ya había esbozado una línea precisa de actuación y creía que en menos de una semana estaría en condiciones de trasladarse a Dunwich. Pero con el miércoles vino la gran conmoción. Casi inadvertido, en una esquina del Arkham Advertiser, podía verse un pequeño despacho de la agencia Associated Press en el que se comentaba en tono jocoso que el whisky introducido de contrabando en Dunwich había producido un monstruo que batía todos los récords. Armitage, sobrecogido ante la noticia, telefoneó al instante a Rice y a Morgan. Hasta bien entrada la noche estuvieron debatiendo los planes a seguir, y al día siguiente se lanzaron apresuradamente a hacer los preparativos para el viaje. Armitage sabía muy bien que iban a tener que habérselas con pavorosas fuerzas, pero también veía claramente que era el único medio de acabar con aquel maléfico embrollo que otros antes que él habían venido a complicar y agravar.