El horror de Red Hook
El horror de Red Hook que había ocasionado su desequilibrio nervioso. Había trabajado demasiado, dijeron, en la limpieza de aquellos nidos de desorden y de violencia; algunos detalles fueron horrorosos a todas luces, y la inesperada tragedia había supuesto la gota que colmaba el vaso. Esta era una explicación simple que todo el mundo podía entender; y como Malone no era un simple, comprendió que era preferible dejarlo así. Hablar a unas gentes sin imaginación de un horror que escapaba a toda concepción humana -de un horror que se cobijaba en casas y en edificios y en Ciudades invadidas por el cáncer y la lepra de una maldad venida de otros mundos- habría sido invitarles a que le encerrasen en una celda acolchada, en vez de permitirle un descanso temporal; y Malone era un hombre con sentido común, a pesar de su misticismo. Tenía la aguda visión del celta para las cosas preternaturales y ocultas, y el ojo vivo del lógico para lo que en apariencia era convincente, amalgama que le había llevado muy
lejos en los cuarenta y dos años de su vida y le había. colocado en extraños lugares para un hombre que se
–había formado en la Universidad de Dublín y había nacido en una villa georgiana próxima a Phoenix Park.
