En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Como él había dicho, tenían los bordes desmoronados redondeados debido a incontables eones de erosión salvaje pero su inexplicable solidez y la dureza del material de que estaban formados habían logrado que perduraran a pesar de todas las inclemencias. Muchas de sus partes, especialmente las más cercanas a las laderas, parecían ser de sustancia idéntica a la de la superficie rocosa que las rodeaba. Todo ello recordaba las ruinas de Machu Pichu en Los Andes, o los primitivos muros de los cimientos de Kish excavados por la expedición del Field Museam de Oxford en 1929; y tanto Danforth como yo tuvimos esa misma impresión de que se trataba de bloques ciclópeos separados que Lake había atribuido a Carroll, su compañero de vuelo. No me era posible, la verdad sea dicha, explicar ‘la presencia de tales cosas en aquel lugar y me sentí extrañamente humillado como geólogo. Las formaciones ígneas, como son las volcánicas, presentan con frecuencia extrañas regularidades, como la afamada Calzada de los Gigantes de Irlanda, pero esta sobrecogedora cordillera, pese a las primeras suposiciones de Lake acerca de’ la existencia de conos volcánicos humeantes, tenía por encima de todo una estructura que, evidentemente, no era volcánica.