En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Lo que se crió y habitó dentro de aquellos formidables edificios en la era de los dinosaurios no fueron, desde ‘luego, dinosaurios, sino algo mucho peor. Estos eran seres nuevos y casi desprovistos de cerebro, pero los constructores de la ciudad eran sabios y viejos y habían dejado ciertas señales en las piedras que, induso entonces, llevaban colocadas casi mil millones de años, piedras colocadas antes que la vida -tal como ‘hoy la conocemos- hubiera pasado de ser más que un dúctil grupo de células, piedras colocadas antes que hubiera existido en la Tierra vida verdadera. Ellos fueron sin duda los que crearon y esclavizaron esa vida y los modelos en que se basaban los pérfidos mitos primigenios que se insinúan temerosamente en los Manuscritos Pnakóticos y en el Necronomicón. Eran los Primordiales que habían bajado de las estrellas cuando la Tierra era joven -los seres cuya sustancia había modelado una extraña evolución y cuyos poderes eran mayores de los que jamás habían existido en este planeta. ¡Pensar que solamente ayer Danforth y yo habíamos contemplado trozos de sustancia fosilizada hacía millares de anos y que el desgraciado Lake y sus compañeros habían visto su figura completa…!