En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Estábamos indudablemente en uno de los rincones más extraños y fantásticos del globo terrestre. De todas las tierras existentes aquélla era infinitamente la más antigua. Fue apoderándose de nosotros el convencimiento de que aquella horrible altiplanicie tenÃa que ser la fabulosa meseta de pesadilla de Leng, acerca de la cual ni siquiera el demente autor del Necronomicón quiso hablar. La gran cordillera era inmensamente larga, pues comenzaba como cadena montañosa de poca altura en la Tierra de Luitpold, en la costa del mar de Weddell, y atravesaba casi todo el continente. La parte verdaderamente elevada formaba un gran arco desde 820 de latitud este y 600 de longitud, hasta 700 de latitud este y 1150 de longitud, con su parte cóncava vuelta hacia nuestro campamento y su extremo marino en la región de la larga costa cerrada por el hielo cuyas cimas divisaron Wilkes y Mawson ¿n el cÃrculo antártico.