En las montañas de la locura
En las montañas de la locura «10.05 noche. En vuelo. Después tormenta de nieve avistamos cordillera más elevada que todas las vistas hasta ahora. Quizá tan alta como Himalaya teniendo en cuenta altitud meseta. Probablemente a 76º 15’ de latitud y 113º 10’ de longitud este. Se extiende hacia derecha e izquierda hasta donde alcanza la vista. Creo percibir dos conos humeantes. Todos los picos negros y sin nieve. Vendaval que sopla desde ellos impide navegación.»
Después de recibir este mensaje, Pabodie, los hombres y yo permanecimos sin respirar junto a la radio. La imagen de aquella titánica muralla montañosa situada a setecientas millas de distancia inflamó nuestro más hondo sentido de la aventura y nos congratulamos de que fuera nuestra expedición, aunque no nosotros personalmente, quien la hubiera descubierto. Al cabo de media hora volvió a llamar Lake:
«Aeroplano de Moulton obligado descender en meseta al pie de las montañas, pero no hay heridos y quizá podamos repararlo. Trasladaremos todo lo imprescindible a los otros tres aparatos para regreso o ulteriores vuelos si son necesarios, pero por ahora no necesitamos más expediciones de esta envergadura. Montañas sobrepasan todo lo imaginable. Me dispongo a efectuar vuelo de exploración en aparato de Carroll libre de carga.