En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Nos pasamos el día escuchando con ansiedad y tratando de enlazar con Lake, pero siempre sin resultado. Hacia mediodía el viento sopló enloquecido desde el Oeste y nos hizo temer por la seguridad de nuestro campamento; pero acabó amainando casi totalmente, sin más que una moderada recaída a las dos de la tarde. Después de las tres la calma era absoluta y redoblamos nuestros esfuerzos para comunicarnos con Lake. Pensábamos que por tener cuatro aeroplanos, dotados cada uno de un excelente equipo de onda corta, era improbable que un accidente ordinario pudiera haber inutilizado simultáneamente todos los aparatos. Pero lo cierto era que continuaba el silencio total, y cuando pensábamos en la fuerza delirante que el viento debía haber alcanzado en su campamento no podíamos alejar de nuestra imaginación los más ominosos presagios.