En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Proyectábamos explorar la mayor extensión posible de terreno que nos permitiera la duración de una estación antártica -o más si era absolutamente necesario-, trabajando principalmente en las cordilleras y la meseta situadas al sur del mar de Ross, regiones exploradas en diversa medida por Shackleton, Amundsen, Scott y Byrd. Con frecuentes cambios de campamentos, realizados en aeroplano, y abarcando distancias lo bastante grandes como para ser significativa desde el punto de vista geológico, esperábamos desenterrar una cantidad sin precedentes de material, especialmente de los estratos del perÃodo precámbrico, del que tan pocas muestras se habÃan conseguido en la Antártida. También querÃamos reunir el mayor número posible de muestras de rocas fosilÃferas, pues la historia de la vida primigenia en este desnudo reino del hielo y de la muerte es de la máxima importancia para nuestro conocimiento del pasado de la Tierra. Es de todos sabido que el continente antártico fue en otros tiempos templado y hasta tropical, que estuvo cubierto de espesa vegetación y fue rico en vida animal, cuyos únicos supervivientes son los lÃquenes, la fauna marina, los arácnidos y los pingüinos del borde septentrional. Nuestros deseos eran ampliar esa información en cuanto a variedad, exactitud y detalle. Cuando una perforación revelara indicios fosilÃferos, agrandarÃamos la abertura con explosivos para conseguir muestras de tamaño conveniente y en buen estado.