Herbert West: Reanimador
Herbert West: Reanimador El experimento concluyó horriblemente —en un delirio de terror que poco a poco llegamos a atribuir a nuestros nervios sobreexcitados—, y West ya no fue capaz de librarse de la enloquecedora sensación que le seguÃan y perseguÃan. El cadáver no estaba lo bastante fresco; es evidente que para restablecer las condiciones mentales normales, el cadáver debe ser verdaderamente fresco; por otra parte, el incendio de la vieja casa nos impidió enterrar el ejemplar. HabrÃa sido preferible tener la seguridad que estaba bajo tierra.
Después de esa experiencia, West abandonó sus investigaciones durante algún tiempo; pero lentamente recobró su celo de cientÃfico nato, y volvió a importunar a los profesores de la Facultad pidiéndoles permiso para utilizar la sala de disección, y ejemplares humanos frescos para el trabajo que él consideraba tan tremendamente importante. Pero sus súplicas fueron completamente inútiles, ya que la decisión del doctor Halsey fue inflexible, y todos los demás profesores apoyaron el veredicto de su superior. En la teorÃa fundamental de la reanimación no veÃan sino extravagancias inmaduras de un joven entusiasta cuyo cuerpo delgado, cabello amarillo, ojos azules y miopes, y suave voz no hacÃan sospechar el poder supranormal —casi diabólico— del cerebro que albergaba en su interior.