Herbert West: Reanimador
Herbert West: Reanimador Aparentemente, la avinagrada patrona tenÃa razón; pues hacia las tres, la casa entera se despertó con los gritos procedentes de la habitación de West, cuya puerta tuvieron que echar abajo para encontrarnos a los dos inconscientes, tendidos en la alfombra manchada de sangre, golpeados, arañados y magullados, con trozos de frascos e instrumentos esparcidos a nuestro alrededor. Sólo la ventana abierta revelaba qué fue de nuestro asaltante, y muchos se preguntaron qué le ocurrirÃa, después del tremendo salto que tuvo que dar desde el segundo piso al césped. Encontraron ciertas ropas extrañas en la habitación, pero cuando West volvió en sÃ, explicó que no pertenecÃan al desconocido, sino que eran muestras recogidas para su análisis bacteriológico, lo cual formaba parte de sus investigaciones sobre la transmisión de enfermedades infecciosas. Ordenó que las quemasen inmediatamente en la amplia chimenea. Ante la policÃa, declaramos ignorar por completo la identidad del hombre que estuvo con nosotros. West explicó con nerviosismo que se trataba de un extranjero afable al que habÃamos conocido en un bar de la ciudad que no recordábamos. HabÃamos pasado un rato algo alegres y West y yo no querÃamos que detuviesen a nuestro belicoso compañero.