Herbert West: Reanimador
Herbert West: Reanimador Uno de los ejemplares profirió un alarido escalofriante; otro, se levantó violentamente, nos derribó dejándonos inconscientes, y huyó enloquecido, antes que lograran cogerlo y encerrarlo tras los barrotes del manicomio; y un tercero, una monstruosidad nauseabunda y africana, surgió de su poco profunda sepultura y cometió una atrocidad… West tuvo que matarlo a tiros. No podíamos conseguir cadáveres lo bastante frescos como para que manifestasen algún vestigio de inteligencia al ser reanimados, de modo que forzosamente creábamos horrores indecibles. Era inquietante, pensar que uno de nuestros monstruos, o quizá dos, aún vivían… tal pensamiento nos estuvo atormentando de manera vaga, hasta que finalmente West desapareció en circunstancias espantosas.