Herbert West: Reanimador
Herbert West: Reanimador En realidad, West tenÃa más miedo que yo; sus abominables trabajos lo hacÃan llevar una vida furtiva y llena de sobresaltos. En parte era la policÃa quien le daba miedo; pero a veces su nerviosismo era más hondo y brumoso, y estaba relacionado con las abominaciones indescriptibles a las que inyectó una vida morbosa, y en las que no vio extinguirse dicha vida. Por lo general, terminaba sus experimentos con el revólver; pero a veces no era lo bastante rápido. Es lo que ocurrió con aquel primer ejemplar en cuya saqueada sepultura se descubrieron más tarde huellas de arañazos. Y lo que sucedió también con el cadáver de aquel profesor de Arkham que cometió actos de canibalismo antes de ser capturado y encerrado sin identificar en una celda del manicomio de Sefton, donde estuvo dieciséis años golpeándose la cabeza contra las paredes. Casi todos los demás resultados que posiblemente subsistÃan eran productos de lo que resulta más difÃcil hablar, dado que en los últimos años, el celo cientÃfico de West degeneró en una manÃa insana y fantástica, consagrando su prodigiosa habilidad no sólo a vitalizar cuerpos enteramente humanos, sino trozos aislados de cadáveres, o partes unidas a una materia orgánica no humana. En la época en que desapareció se habÃa convertido en algo diabólicamente repugnante; muchos de los experimentos no podrÃan ser referidos en la letra impresa. La Gran Guerra, en la que servimos los dos como cirujanos, sólo intensificó este aspecto de West.