Herbert West: Reanimador
Herbert West: Reanimador ParecÃa sereno incluso cuando pensaba en aquella sepultura arañada y miraba por encima del hombro, o cuando pensaba en aquel ser carnÃvoro que mordÃa y manoteaba los barrotes de Sefton.
El final de Herbert West comenzó una tarde, en nuestro despacho común, cuando alternaba su extraña mirada entre el periódico y yo. Un curioso titular atrajo su atención desde las arrugadas páginas, y una zarpa titánica pareció atraparle desde dieciséis años atrás. En el manicomio de Sefton, a cincuenta millas de distancia sucedió algo espantoso e increÃble que dejó estupefacto al vecindario y perpleja a la policÃa. A primeras horas de la madrugada; un grupo de hombres silenciosos penetró en el parque de la institución y su jefe despertó a los celadores. Era una amenazadora figura militar que hablaba sin mover los labios; cuya voz parecÃa conectada casi ventrÃlocuamente a un gran estuche negro que, transportaba. Su inexpresivo rostro tenÃa las facciones bien parecidas, hasta a punto de dar la impresión de una belleza radiante, aunque el director se llevó un sobresalto cuando la luz del vestÃbulo cayó sobre él, ya que era un rostro de cera, y los ojos de cristal pintado. Debió sucederle algún accidente atroz a este hombre.