La Sombra sobre Innsmouth
La Sombra sobre Innsmouth La puerta lateral que daba a esta habitación estaba abierta de par en par. No había tiempo de contener la del vestíbulo, que ya la estaban abriendo. Lo único que pude hacer fue echar el cerrojo de la puerta lateral de comunicación, igual que había hecho en la de enfrente, y colocar la cama contra una, la mesa de escritorio contra otra, y el aguamanil contra la del pasillo. Debía confiar en estas barreras improvisadas hasta que hubiera saltado por la ventana al tejado del edificio de Paine Street. Pero aun en este trance supremo, el horror que yo sentía no se debía a la fragilidad del dispositivo de defensa. Lo que a mí me horrorizaba era que ninguno de mis perseguidores —aparte ciertos jadeos, gruñidos y ladridos apagados —había pronunciado una sola palabra inteligible y humana.
Mientras corría los muebles y me precipitaba hacia la ventana, se oyó una carrera espantosa por el pasillo hacia la habitación contigua a la que me encontraba yo. Cesaron las embestidas en el otro lado. Era evidente que la mayoría de mis adversarios se estaba congregando ante la débil puerta lateral. Afuera, la luna bañaba el tejado de abajo. Calculé que era un salto arriesgado, debido a la inclinación que tenía el sitio donde había de aterrizar.