La Sombra sobre Innsmouth
La Sombra sobre Innsmouth Los raÃles estaban oxidados y llenos de orÃn, aunque casi intactos; más de la mitad de las traviesas estaban aún en buenas condiciones. Era muy difÃcil andar —y más, correr— por una superficie semejante. De todos modos procuré adoptar mi paso al terreno, hasta que logré caminar con cierta rapidez. Durante un trecho, la lÃnea férrea se ceñÃa al borde del rÃo para desembocar finalmente en un gran puente cubierto que cruzaba el precipicio a una altura de vértigo. El estado de este puente determinarÃa mi camino a seguir. Si era buenamente posible, lo cruzarÃa; si no, tendrÃa que aventurarme otra vez por las calles y buscar el puente más próximo, si aún era practicable.
El viejo puente brillaba espectralmente a la luz de la luna. Las traviesas se encontraban en buen estado, al menos en el primer tramo. Encendà una linterna y entré. Una nube de murciélagos despavoridos pasó por encima de mà y estuvo a punto de derribarme. A mitad de camino, vi un peligroso vacÃo entre las traviesas. Por un momento pensé que no lo podrÃa salvar. Finalmente me arriesgué. Di un salto desesperado y por fortuna caà bien al otro lado.