Mas alla de los eones y otros escritos
Mas alla de los eones y otros escritos El carácter del Viejo Bugs desentonaba, en forma extraña, con su aspecto. De ordinario era, en verdad, del tipo despojo humano —dispuesto a hacer lo que fuese a cambio de una dosis de güisqui o hachÃs—; pero, a raros intervalos, mostraba el trato que le habÃa ganado su apodo[22]. En esos instantes trataba de enderezarse y un cierto fuego le asomaba a los ojos hundidos. Su porte podÃa asumir una gracia y aun una dignidad inesperadas, y las sórdidas criaturas que lo rodeaban podÃan sentir en él cierta superioridad… un algo que los volvÃa menos proclives a propinar los usuales sopapos y puñetazos a ese pobre e indefenso criado. En tales momentos podÃa hacer gala de un humor sardónico y hablar sobre cosas que hacÃan que los parroquianos del Sheehan lo tomasen por loco e irracional. Pero tales arrebatos pasaban pronto y, de nuevo, el Viejo Bugs volvÃa a su eterno fregar de suelos y lavar escupideras. De no mediar cierta faceta, el Viejo Bugs hubiera sido el esclavo ideal de aquel sistema… y tal faceta era su forma de comportarse cuando iniciaban a un joven en la bebida. El Viejo se alzaba de los suelos, furioso y excitado, farfullando amenazas y advertencias, y tratando de disuadir a los novatos de seguir en ese curso de «ver la vida tal cual». Echaba fuego y humo, y explotaba en una sarta de rimbombantes advertencias y extraños juramentos, como animado por una espantosa ansiedad que estremecÃa a más de una mente drogada en aquella abarrotada habitación. Pero, al cabo de un tiempo, su mente, debilitada por el alcohol, comenzaba a divagar y, con una risa enloquecida, retornaba de nuevo a su fregona o a su bayeta.