Mas alla de los eones y otros escritos
Mas alla de los eones y otros escritos Es verdad que unos pocos eruditos, sumamente versados en la literatura ocultista y mágica, encontraron un lejano parecido entre algunos de los jeroglíficos y ciertos símbolos arcaicos descritos o citados en dos o tres textos muy antiguos, oscuros y esotéricos, tales como el Libro de Eibon, del que se decía que procedía de la olvidada Hiperbórea; los Fragmentos Pnakóticos, que se atribuían a seres prehumanos; y el monstruoso y prohibido Necronomicón, del árabe loco Abdul Al-hazred. Ninguno de tales parecidos, no obstante, era incuestionable; y debido a la generalizada poca estimación de la que gozan los estudios ocultos, no se hizo esfuerzo alguno por hacer circular copias de los jeroglíficos entre los especialistas místicos. De haber tenido lugar tal envío en esa fecha, el posterior desarrollo del caso hubiera sido bien distinto, y una mirada a esos jeroglíficos, por parte de cualquier lector del horrible libro de Von Junzt Cultos indescriptibles, hubiera fijado una relación de importancia inconfundible. En esa época, no obstante, los lectores de esa monstruosa blasfemia eran excepcionalmente pocos, ya que las copias, hechas en el intervalo entre la destrucción de la edición original de Düsseldorf (1839) y la de la traducción de Bridewell (1845), y la publicación de la reimpresión censurada por Golden Goblin Press en 1909, habían sido increíblemente escasas. Para ceñirnos al asunto, ningún ocultista ni estudioso del saber esotérico del primigenio pasado había fijado su atención en ese extraño rollo, hasta que el reciente estallido de periodismo sensacionalista desencadenó el horrible clímax.