Viajes al otro mundo
Viajes al otro mundo Pues bien, parece que, entre todas, la vida que siguió Lovecraft para tener acceso al Otro Mundo fue la del dormir fisiológico y los ensueños. Acaso sin saberlo, obedeció, para alcanzar el éxtasis, el viejo precepto alquimista vivir la muerte, llegar despierto al fondo del sueño. El mismo se nos presenta como un «soñador experto», y sus biógrafos insisten en que soñar era su única fuente de satisfacción. En psiquiatría, por otra parte, se sabe que los alucinógenos provocan precisamente estados oníricos de conciencia. El parentesco entre los sueños, la locura, el efecto de ciertas drogas, la mente infantil y la del primitivo ha sido señalado muchas veces y es idea aceptada corrientemente por la ciencia. En todos los casos citados existe un bajo nivel de conciencia, que en los tres primeros es fruto de un descenso desde el nivel llamado normal y en los últimos obedece a que aún no se ha producido el ascenso propio de la evolución. Una vez más, vemos aquí confirmada la identidad presentida por Lovecraft entre el sueño, la locura, el mundo infantil y el numinoso universo primitivo. En la zona crepuscular y engañosa de la experiencia humana en que él se movía, todas estas palabras carecen de diferencias en cuanto a significado y designan una sola vivencia: la del Otro Mundo, la del paraíso perdido, a cuya recuperación Lovecraft consagró su vida.