El antifaz de los Bristol
El antifaz de los Bristol Porque, por primera vez en todos esos años, comprendió que tal vez Richard no le había contado toda la verdad.
Y que lo que estuviera detrás de esa puerta…
No debía salir.
La tormenta comenzó al anochecer. No era solo lluvia, era algo más. Un presagio.
Carol no podía quedarse quieta. Sus manos temblaban mientras servía café, mientras revisaba la ventana, mientras trataba de convencerse de que todo seguía bajo control. Pero no lo estaba. No después de lo que había oído.
Richard actuaba como si nada. Se sentó en su sillón, encendió un cigarro y miró el fuego de la chimenea como si fuera un día cualquiera.
Pero no lo era.
Porque Frank Weston había hablado. Y cuando un hombre como Weston hablaba, la gente escuchaba.
Abilene ya no les pertenecía.
El sonido de un motor rugiendo en la distancia le confirmó lo que ya sabía. Carol se asomó y vio los faros de dos camionetas acercándose por el camino de tierra.
Richard se levantó con calma, apagó su cigarro y tomó la escopeta que descansaba junto a la puerta.
—Quédate adentro —ordenó.
