Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Antes de escribir un poema —decÃa Mairena a sus alumnos— conviene imaginar el poeta capaz de escribirlo. Terminada nuestra labor, podemos conservar el poeta con su poema, o prescindir del poeta —como suele hacerse— y publicar el poema; o bien tirar el poema al cesto de los papeles y quedarnos con el poeta, o, por último, quedarnos sin ninguno de los dos, conservando siempre al hombre imaginativo para nuevas experiencias poéticas.
Estas palabras, y algunas más que añadÃa Mairena, publicadas en un periódico de la época, sentaron muy mal a los poetas, que debÃan ser muchos en aquel entonces, a calcular por el número de piedras que le cayeron encima al modesto profesor de Retórica.
* * *¡Quién fuera diamante puro!
—dijo un pepino maduro.
Todo necio
confunde valor y precio*.
Sin embargo —añadÃa Mairena, comentando el aforismo de su maestro—, pasarán los pepinos y quedarán los diamantes, si bien —todo hay que decirlo— no habrá ya quien los luzca ni quien los compre. De todos modos, la aspiración del pepino es una verdadera pepinada.
