Juan de Mairena I
Juan de Mairena I —Ah, señores... (Habla Mairena, iniciando un ejercicio de oratoria polÃtica.) Continué usted, señor RodrÃguez, desarrollando el tema.
—Ah, señores, no lo dudéis. España, nuestra querida España, merece que sus asuntos se resuelvan favorablemente. ¿Sigo?
—Ya ha dicho usted bastante, señor RodrÃguez. Eso es toda una declaración de gobierno, casi un discurso de la corona.
* * *—La sociedad burguesa de que formamos parte —habla Mairena a sus alumnos— tiende a dignificar el trabajo. Que no sea el trabajo la dura ley a que Dios somete al hombre después del pecado. Más que un castigo, hemos de ver en él una bendición del cielo. Sin embargo, nunca se ha dicho tanto como ahora: «El que no trabaje que no coma»[47]. Esta frase, perfectamente bÃblica, encierra un odio inexplicable a los holgazanes, que nos proporcionan con su holganza el medio de acrecentar nuestra felicidad y de trabajar más de la cuenta.
Uno de los discÃpulos de Mairena hizo la siguiente observación al maestro: