Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Mi maestro tenĂa fama de borracho porque, en ocasiones muy solemnes de su vida âel dĂa de sus esponsales, al recibirse de doctor, en algĂșn ejercicio de oposiciones a cĂĄtedras, etc.â, reforzaba su moral, como Ă©l decĂa, o amenguaba la conciencia de su responsabilidad con frecuentes libaciones. Las gentes se decĂan: «Este hombre, que diserta sobre MetafĂsica oliendo a aguardiente de un modo escandaloso, ÂżcĂłmo estarĂĄ cuando no tenga que disertar sobre nada?» Y la verdad era que mi maestro no tenĂa trato con el alcohol mĂĄs que en aquellas solemnes ocasiones. Nada intentĂł mi maestro, sin embargo, para deshacer esta mala opiniĂłn, y ello por muchos motivos que a Ă©l le parecĂan otras tantas razones. Primero: porque el alcohol âdecĂa Ă©lâ forma parte de mi leyenda, y sin leyenda no se pasa a la historia. Segundo: porque conviene que los eruditos del porvenir tengan algo que averiguar, que no sea meramente literario. Tercero: por gratitud al alcohol, merced al cual he salido con bien de algunas situaciones difĂciles. Cuarto: por respeto y simpatĂa a gentes nada abstemias que se enorgullecen de contarme entre los hĂșmedos. Quinto: porque mi sequedad no es tan absoluta que pueda jactarme de ella. Sexto: porque, en Ășltimo tĂ©rmino, añade muy poco a la virtud la carencia de vicios.
Y mi maestro seguĂa enumerando razones, que tanto es la sinrazĂłn fecunda en ellas. De otras, demasiado sutiles, hablaremos mañana.