Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Otra cosa quiero decir de la vejez —y con esto agoto mi saber de este asunto—, y es que, aun vista desde fuera, ella da origen a los juicios más diversos y encontrados, puesto que algunos la deploran como un daño y otros la encomian y jalean como un bien positivo. Y entre los poco afectos a la vejez —que no son tantos como sus apologistas y simpatizantes— se da el caso curioso de Leonardo de Vinci, que la ve y juzga contradictoriamente, ya como un decaimiento fÃsico, ya como una exaltación dinámica. Y asà nos dice en su Tratado de la Pintura cómo conviene figurar a los viejos[192] con tardos y perezosos movimientos, inclinado el cuerpo, dobladas las rodillas, etc., etc. Y en el siguiente párrafo: «Las viejas se representarán atrevidas y prontas, con movimientos impetuosos (casi como los de las Furias infernales), aunque con más viveza en los brazos que en las piernas*». Hay aquà una distinción algo desmesurada entre los viejos y las viejas. Mi maestro, sin embargo, la hizo suya en su PolÃtica de Satanás [193], donde se leen estas palabras: «Conviene que la mujer permanezca abacia, carente de voz y voto en la vida pública, no sólo porque la polÃtica sea, como algunos pensamos, actividad esencialmente varonil, sino porque la influencia polÃtica de la mujer convertirÃa muy en breve el gobierno de los viejos en gobierno de las viejas, y el gobierno de las viejas, en gobierno de las brujas. Y esto es lo que a toda costa conviene evitar.».