Juan de Mairena I
Juan de Mairena I En nuestra Escuela Popular de SabidurÃa Superior hemos de tratar alguna vez el tema de la tauromaquia, cosa tan nuestra —tan vuestra sobre todo— y, al mismo tiempo, ¡tan extraña! He de insistir, sin ánimo de molestar a nadie, sobre el hecho[239] de que sea precisamente lo nuestro aquello que se nos aparece como más misterioso e incomprensible. Nos hemos libertado en parte —y no seré yo quien lo deplore— del ánimo chauvin [240] que ensalza lo español por el mero hecho de serlo. No era esta una posición crÃtica, sino más bien polémica, que no alcanzó entre nosotros —conviene decirlo— proporciones alarmantes, como en otros paÃses. Bien está, sin embargo, que nunca más la adoptemos. Pero una pérdida total de simpatÃa hacia lo nuestro va construyendo poco a poco en nuestras almas un aparato crÃtico que necesariamente ha de funcionar en falso y que algún dÃa tendremos que arrumbar en el desván de los trastos inútiles. En nuestra Escuela Popular de SabidurÃa Superior procurarÃamos estar un poco en guardia contra el hábito demasiado frecuente de escupir sobre todo lo nuestro, antes de acercarnos a ello para conocerlo. Porque es muy posible —tal es, al menos, una vehemente sospecha mÃa— que muchas cosas en España estén mejor por dentro que por fuera —fenómeno inverso al que frecuentemente observamos en otros paÃses— y que la crÃtica del previo escupitajo sobre lo nuestro, no sólo nos aparte de su conocimiento, sino que acabe por asquearnos de nosotros mismos. Pero dejemos esto para tratado más despacio.