Juan de Mairena I
Juan de Mairena I Dice Echegaray, por boca del Conde de Argelez, en su leyenda trágica En el seno de la muerte:
para vengarme yo, y atormentaros,
tengo ante mí la eternidad del tiempo*,
como si dijéramos: dispongo de la gran pescada para vengarme de los peces. Sin embargo, Echegaray, poeta ingeniero*, no exento de ingenio poético, no parece oponer el concepto de eternidad al de tiempo, sino que concibe la eternidad como tiempo eterno, un tiempo vivo, es decir, medido por una conciencia, pero que no se acaba nunca. Es el concepto de la eternidad que tiene el sentido común, concepto, en el fondo, mucho más trágico que el metafísico. En suma, lo que viene a decir Echegaray es esto: «Dispongo de la mar para castigar a los peces.»
(*NOTA a “poeta ingeniero”: poeta ingeniero: José de Echegaray y Eizaguirre (1832-1916) fue ingeniero de Caminos y profesor en la Escuela de Ingenieros, amén de ministro de Fomento y tres veces ministro de Hacienda. Durante su gestión se creó el Banco de España. Genuino representante del «romanticismo de levita», fue el prototipo de lo que los jóvenes noventayochistas despreciaban: la literatura caduca y el conformismo burgués. Cuando en 1904 se le concedió el premio Nobel, un grupo de intelectuales, entre los que se encontraba Machado, organizó una protesta colectiva).