Juan de Mairena I
Juan de Mairena I A muchos asombra, señores, que en una clase de Retórica, como es la nuestra, hablemos de tantas cosas ajenas al arte de bien decir; porque muchos —los más— piensan que este arte puede ejercitarse en el vacÃo del pensamiento. Si esto fuera asÃ, tendrÃamos que definir la Retórica como el arte de hablar bien sin decir nada, o de hablar bien de algo, pensando en otra cosa... Esto no puede ser. Para decir bien hay que pensar bien, y para pensar bien conviene elegir temas muy esenciales, que logren por sà mismos captar nuestra atención, estimular nuestros esfuerzos, conmovernos, apasionarnos y hasta sorprendernos. Conviene, además, no distinguir demasiado entre la Retórica y la SofÃstica, entre la SofÃstica y la FilosofÃa, entre la FilosofÃa y el pensar reflexivo, a propósito de lo humano y de lo divino.
* * *—Hoy traemos, señores, la lección 28, que es la primera que dedicamos a la oratoria sagrada. Hoy vamos a hablar de Dios. ¿Os agrada el tema?
Muestras de asentimiento en la clase.
—Que se pongan en pie todos los que crean en Él. Toda la clase se levanta, aunque no toda con el mismo Ãmpetu.
—¡Bravo! Muy bien. Hasta mañana, señores.
—¿...?
—Que pueden ustedes retirarse.