Juan de Mairena I
Juan de Mairena I En toda catástrofe moral sólo quedan en pie las virtudes cínicas. ¿Virtudes perrunas*?. De perro humano, en todo caso, sólo fiel a sí mismo. (*NOTA a perrunas: La palabra cínico proviene de kion («perro»). Tal vez el nombre de cínicos, «perrunos», aplicado a Antístenes y sus discípulos, tuviera su origen en que vivían desafiando los convencionalismos o, según otros, del lugar donde filosofaban: «[Antístenesl disputaba en el gimnasio Cinosargo ["perro ágil"' poco lejos de la ciudad, de donde algunos dicen tomó el nombre la escuela cínica. El mismo solía llamarse a sí mismo "buen perro"...» (Diógenes Laercio, Vitae..., VI, 13.)
Sobre la muerte, señores, hemos de hablar poco. Sois demasiado jóvenes... Sin embargo, no estará de más que comencéis a reparar en ella como fenómeno frecuente y, al parecer, natural, y que recitéis de memoria el inmortal hexámetro de Homero:
Oieper phyllon tolde kai andrón [94] [95].
Dicho en romance:
«Como la generación de las hojas, así también la de los hombres.»
Homero habla aquí de la muerte como un gran épico que la ve desde fuera del gran bosque humano. Pensad en que cada uno de vosotros la verá un día desde dentro, y coincidiendo con una de esas hojas. Y, por ahora, nada más.