Juan de Mairena
Juan de Mairena (En clase).
—¿Recuerda usted, señor RodrÃguez, lo que dijimos de las intuiciones y de los conceptos?
R.— Que son vacÃos los conceptos sin intuiciones, y ciegas las intuiciones sin los conceptos. Es decir, que no hay manera de llenar un concepto sin la intuición, ni de poner ojos a la intuición sin encajarla en el concepto. Pero unidas las intuiciones a los conceptos tenemos el conocimiento: una oquedad llena que es, al mismo tiempo, una ceguedad vidente.
M.— ¿Y usted ve claro eso que dice?
R.— Con una claridad perfectamente tenebrosa, querido maestro.
DecÃa mi maestro: Pensar es deambular de calle en calleja, de calleja en callejón, hasta dar en un callejón sin salida. Llegados a este callejón pensamos que la gracia estarÃa en salir de él. Y entonces es cuando se busca la puerta al campo.
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A este escritor, que vosotros llamáis «humorista» —decÃa Mairena a sus alumnos— porque se rÃe de todo y pretende hacernos reÃr a costa de todo, le falta, para ser humorista, el haberse reÃdo alguna vez de sà mismo. En verdad, él lleva dentro un hombrecito muy engolado y muy serio, que está pidiendo un puntapié en la espinilla que lo ponga en ridÃculo. Y es él mismo quien tendrÃa que dárselo.
