Juan de Mairena
Juan de Mairena A última hora, decÃa mi maestro —sigue hablando Mairena a sus alumnos—, arte, ciencia, religión, todo ha de aparecer ante el Tribunal de la lógica. Por eso nosotros queremos reforzar la nuestra —tal es uno de los sentidos de nuestra sofÃstica—, sometiéndola a toda suerte de pruebas ante el Tribunal de sà misma. Esta posición no la hemos descubierto nosotros, sino los antiguos griegos, porque, como alguien ha dicho con supremo acierto, Dios hizo a los antiguos griegos para que podamos comer los profesores del porvenir.
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En la gran ruleta de los hechos es difÃcil acertar, y quien juega suele salir desplumado. En la rueda más pequeñita de las razones, con unas cuantas preguntas se hace saltar la banca de las respuestas. Por eso —añadÃa mi maestro— damos nosotros tanta importancia a las preguntas. En verdad, esa es la moneda que vuelve siempre a nuestra mano. Nuestro problema es averiguar si esa moneda puede a última hora servirnos de algo.
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