Juan de Mairena
Juan de Mairena [LI]
Nunca peguéis con lacre las hojas secas de los árboles para fatigar al viento. Porque el viento no se fatiga, sino que se enfada, y se lleva las hojas secas y las verdes.
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Aprendió tantas cosas —escribÃa mi maestro, a la muerte de un amigo erudito—, que no tuvo tiempo para pensar en ninguna de ellas.
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Cuando el Cristo vuelva —decÃa mi maestro—, predicará el orgullo a los humildes, como ayer predicaba la humildad a los poderosos. Y sus palabras serán, aproximadamente, las mismas: «Recordad que vuestro padre está en los cielos; tan alta es vuestra alcurnia por parte de padre. Sobre la tierra solo hay ya para vosotros deberes fraternos, independientes de los vÃnculos de la sangre. Licenciad de una vez para siempre al bÃblico semental humano».
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No olvidéis que es tan fácil quitarle a un maestro la batuta, como difÃcil dirigir con ella la quinta sinfonÃa de Beethoven.
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