Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion Confesaré, no obstante, de buena fe que no comprendo del todo mejor mi sistema que todos los demás sistemas que han brotado hasta nuestros días de la imaginación de los filósofos antiguos y modernos; pero el mío tiene la preciosa ventaja de estar contenido en cuatro líneas, aun siendo tan enorme. El lector indulgente tendrá la amabilidad de observar también que ha sido lucubrado todo de una pieza en lo alto de una escalerilla. Lo habría, sin embargo, exornado con comentarios y notas si en el momento en que estaba más embebido en mi asunto no hubiera sido distraído por sonidos deliciosos que llegaron agradablemente hasta mis oídos. Una voz como jamás había oído otra tan melodiosa, sin exceptuar siquiera la de Zeneida; una de esas voces que están siempre acordes con las fibras de mi corazón, cantaba muy cerca de mí una romanza, de la cual no perdí una sílaba y que nunca se borrará de mi memoria. Escuchando con atención, descubrí que la voz salía de una ventana más abajo de la mía; desgraciadamente, no podía verla porque la extremidad del tejado, por encima del cual se elevaba mi ventanillo, la ocultaba a mis ojos. Sin embargo, el deseo de ver a la sirena que me deleitaba con su canto aumentaba en proporción con el encanto de la romanza, cuyas palabras seductoras habrían arrancado lágrimas al ser más insensible. No pudiendo resistir mi curiosidad, me di prisa a subir hasta el último escalón; puse un pie en el borde del tejado y, agarrándome con una mano a la barandilla de mi ventana, me quedé así suspendido sobre la calle, a riesgo de estrellarme.
