Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion Una vez salvada la interesante Virginia, me sustraigo modestamente a su reconocimiento y, deseando siempre prestar mis servicios a las beldades, me aprovecho de la oscuridad de una noche lluviosa y voy furtivamente a abrir la tumba de una joven vestal que el Senado romano tuvo la barbarie de hacer enterrar viva por haber dejado apagarse el fuego sagrado de Vesta, o puede ser acaso por haberse quemado ligeramente. Voy andando silenciosamente por las calles extraviadas de Roma, con la alegría interior que precede a las buenas obras, sobre todo cuando no están exentas de peligro. Evito con cuidado el Capitolio, por temor de despertar a los gansos y, deslizándome a través de los guardias de la puerta Colina, llego felizmente ante la tumba sin ser visto.
