Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion Abandoné sin gran pesar la vista del balcón, que ya no tenÃa ningún atractivo para mÃ. El frÃo de la noche se habÃa apoderado de mÃ. Un ligero estremecimiento me sacudió de pies a cabeza, y al abrocharme la bata para entrar en calor vi con gran sentimiento que aquella sensación de frÃo, junta con el atropello del murciélago, habÃa bastado para cambiar otra vez el curso de mis ideas. La zapatilla mágica no habÃa tenido en aquel momento más influencia sobre mi que la cabellera de Berenice o cualquiera otra constelación. Calculé en seguida cuán poco razonable era pasar la noche expuesto a la intemperie del aire, en vez de seguir la voz de la Naturaleza, que nos ordena el sueño. Mi razón, que en aquel momento obraba sola en mÃ, me hizo ver esto demostrado como si fuera una proposición de Euclides. En fin: me quedé de pronto privado de imaginación y de entusiasmo Y entregado sin socorro a la triste realidad. ¡Existencia desagradable! Tanto valdrÃa ser un árbol seco en un bosque, o bien un obelisco en medio de una plaza.
—¡Qué par de extrañas máquinas —exclamé entonces— la cabeza y el corazón del hombre! Arrastrado alternativamente por estos dos móviles de sus actos en dos direcciones contrarias, la última que sigue le parece siempre la mejor. ¡Oh, locura del entusiasmo y del sentimiento!, dice la frÃa razón. ¡Oh, debilidad e incertidumbre de la razón!, dice el sentimiento. ¿Quién podrá nunca, quién osará decidir entre ambos?