Historia de Egipto
Historia de Egipto 252. Este, junto con otros cuentos de naturaleza similar, es el relato de Manetón. Antes de que pruebe que sus palabras son mentiras y estupideces manifiestas, mencionaré un punto en concreto, que se refiere a mi refutación posterior de otros escritores. Manetón nos ha hecho una concesión. Ha admitido que nuestra raza no era de origen egipcio, sino que llegó a Egipto procedente de otro lugar, tomó posesión de la tierra y después la abandonó.
253. Pero el que en un tiempo posterior no nos mezclamos con egipcios enfermos y que, lejos de ser uno de ellos, Moisés, el caudillo de nuestro pueblo, vivió muchas generaciones antes, es algo que voy a probar por las propias afirmaciones de Manetón.
254. Para empezar, la razón que él sugiere para su ficción es ridícula. «El rey Amenofis», dice, «concibió el deseo de ver a los dioses». ¡A los dioses! Si se refiere a los dioses establecidos por sus propias ordenanzas —buey, carnero, cocodrilos y babuinos de cara de perro— los tenía ante los ojos;
255. pero si se refería a los dioses del cielo, ¿cómo iba a poder verlos? ¿Y por qué concibió este profundo deseo? Porque, por Zeus, antes de su tiempo ¡otro rey los había visto! De este predecesor había aprendido su naturaleza y la manera en que los había visto, y en consecuencia no tenía necesidad de un sistema nuevo.