En una pension alemana
En una pension alemana —Sólo estuvo un momento, ni siquiera quiso tomar té. Le mandé que fuera a casa a cambiarse de ropa. Resultaba tan terriblemente aburrido...
—Pero, amor mÃo, te has despeinado. Voy a arreglarte el pelo. Estáte quieta un momento. ¿Asà que te aburrió?
—¡Uf!, terriblemente. ¡Ay!, que le has pinchado con una horquilla a tu mujer, nene malo.
Le echó los brazos al cuello y se le quedó mirando, riéndose a medias como una niña hermosa y adorable.
—¡Dios mÃo! ¡Qué mujer más extraordinaria eres! —dijo él—. Haces que me sienta tan terriblemente orgulloso de ti, amor mÃo, que... que no puedo menos de decÃrtelo.