En una pension alemana
En una pension alemana La amiga: ¡¡...!!
El cobrador: Hagan el favor. Vayan pagando.
La señora: ¿Cuánto es? Dos peniques, ¿no? Dos de dos peniques, haga el favor. No te molestes. Yo tengo calderilla por aquí, no sé dónde.
La amiga: ¡...!
La señora: No, no hace falta. Si tengo... El caso es encontrarla.
El cobrador: Paguen, hagan el favor.
La amiga:¡...!
La señora: ¿De veras? Pues sería así. Ya recuerdo, sí, pagué al ir. Muy bien. Te aceptaré éste solamente. Estamos en guerra, querida.
El cobrador: ¿Hasta dónde van?
La señora: A Boltons.
El cobrador: Medio penique más cada una.
La señora: No, oh, no. Si pagué sólo dos peniques a la ida. ¿No se habrá equivocado?
El cobrador (ásperamente): Léalo en la tablilla.
La señora: Bien, bien. Aquí tiene otro penique. (A la amiga.) ¿Verdad que es terrible lo poco atentos que son estos empleados? Y después de todo cobran para eso. Pero todos son casi por el estilo. He oído decir que, a la larga, el traqueteo de los autobuses afecta la médula. Eso debe de ser. ¿Has oído lo de Teddie? ¿No?
La amiga: ¿...?