Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Este episodio tiene su interés social, y les hará conocer a muchos que no salen de los barrios cultos de Buenos Aires, lo que es nuestra Patria amada, en la que hay de todo y para todo; un negro que mate una familia entera por venganza y por amor, y un blanco que mate un gobernador por amor a la libertad, después de haber sostenido con su brazo viril la tiranÃa.
Mientras tanto, te diré que los campos entre el RÃo Quinto y el Cuero son pobre cosa: pasto fuerte, amargo en su mayor parte y sin variación. Los campos del Cuero son diferentes. Ricos pastos, abundantes y variados; gramilla, porotillo, trébol, cuanto se quiera. Agua inagotable, leña, montes inmensos.
Un estanciero entendido y laborioso allà harÃa fortuna en pocos años.
Pero del Cuero a RÃo Quinto hay treinta leguas.
Que le pongan cascabel al gato. De allà a los primeros toldos permanentes, hay otras treinta leguas, y los indios andan siempre boleando por el Cuero.
Estoy esperando las mulas que se han quedado atrás, y reflexionando en la costa de la laguna si el gran ferrocarril proyectado entre Buenos Aires y la cordillera no serÃa mejor traerla por aquÃ.
No vayas a creer que los indios ignoran este pensamiento.
También ellos reciben y leen La Tribuna.
¿Te rÃes, Santiago?