Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Si los expedientes pacÃficos surten efecto, no hay novedad; si los transeúntes no se enternecen, se recurre a las amenazas, y si éstas son inútiles, a la violencia.
Es ser bastante parlamentario, para vivir tan lejos de los centros de la civilización moderna.
Recomendé a mi gente cómo habÃan de marchar; prohibà terminantemente que bajo pretexto de componer la montura se quedara alguien atrás, advirtiendo que cada cuarto de hora harÃa una parada de dos minutos para que pudiéramos ir lo más juntos posible; describà la aguada de Chamalcó, donde me demorarÃa un rato, lo bastante para mudar caballos, por si alguien llegaba a ella extraviado; y a los franciscanos les supliqué me siguiesen de cerca, no fuera el diablo a darme el mal rato de que se me perdieran.
Finalmente hice notar que, hallándome ya en donde podÃa haber peligro cuando menos lo esperábamos, querÃa, puesto que no estábamos bien armados, que todos y cada uno nos condujéramos con moderación y astucia, con sangre frÃa sobre todo, que como ha dicho muy bien Pelletan, es el valor que juzga.
Hecho esto, mandé que dos soldados, con dos tropillas que no me hacÃan falta, se volviesen al RÃo Quinto, caminando despacio.