Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Y Monsieur de la Tomassiére (en un tipo de esta apellido, Paul de Kock ha personificado el tipo de esos amigos fastidiosos que siempre llegan tarde) se presenta y se sienta, pidiendo disculpas a todos y protestando que es la primera vez que tal cosà le sucede.
Mientras tanto, le quatorziéme ha visto una seña del dueño de la casa, que en todas partes del mundo quiere decir: retÃrese usted y sin decir oste ni moste se ha eclipsado. Iba quizá a probar la sopa cuando Mr. de la Tomassiére se presentó.
Al llegar a la puerta de la calle de donde vive, se halla con un necesitado que le espera. En otro banquete le aguardan con impaciencia. Han buscado varios quatorziéme, no hay ninguno. Esa noche dan muchas comidas, hay muchos inexactos o un exceso de previsión y la demanda de quatorziéme es grande desde temprano.
El quatorziéme marcha; llega, igual escena a la anterior. Tiene que desalojar su puesto antes de haber probado un plato siquiera de cosa alguna.
Al volver a llegar a la puerta de su pobre mansión, otro necesitado. Le sigue con éxito semejante al de los pasados convites.
Hay noches en que las idas y venidas del pobre quatorziéme exceden toda ponderación.
Ha ganado bien su dinero, porque cada viaje se paga, pero ha pasado por el suplicio de Tántalo.