Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Era temprano aún y quién sabe cuánto tiempo Ãbamos a permanecer todavÃa sobre el caballo.
Mientras mudaban, el capitán Rivadavia me presentó varios personajes polÃticos refugiados en Tierra Adentro —siendo los dos más notables, un mayor Hilarión Nicolai y un teniente Camargo.
Ambos han pertenecido a la gente de Saa, y ganaron los indios después de la sableada de San Ignacio llevando un puñado de soldados. Muy mal me habÃan hablado de estos hombres.
Yo iba sumamente prevenido contra ellos, temiendo ser objeto de alguna maldad, aunque reflexionando me parecÃa que el hecho de ser cristianos debÃa mirarlo como una garantÃa.
DÃgase lo que se quiera, la cabra siempre tira al monte.
Más tarde veremos si yo discurrÃa mal en medio de las preocupaciones de mi ánimo. Y mi ejemplo podrá serles útil a los que juzguen a los hombres por las reglas vulgares, apasionadas, iracundas, cuando la gran ley de la vida y de Dios es la caridad.
Ni el viejo Hilarión, ni el bandido Camargo me hicieron el efecto que yo esperaba, ni me saludaron como me lo temÃa. Hilarión con todas sus mañas y Camargo con todas sus bellaquerÃas son dos hombres atentos y educados, especialmente Hilarión. Camargo es un tipo más rudo.