Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Esta vez, a más de las preguntas indicadas, me hicieron otra: que cuántos hombres me acompañaban y qué armas llevaba.
Satisfice cumplidamente la curiosidad.
Ya sabe el lector cuántos éramos al llegar a las tierras de Ramón.
El número no se habÃa aumentado ni disminuida por fortuna; ninguna desgracia habÃa ocurrido. En cuanto a las armas, consistÃan en cuchillos, sables sin vaina entre las caronas y cinco revólveres, de los cuales dos eran mÃos.
El hijo de Mariano Rosas regresó a dar cuenta de su misión. Más tarde vino otro enviado y con él la orden de que nos moviéramos.
Una indicación de corneta se hizo oÃr.
Reuniéronse todos los que andaban desparramados; formamos como lo describà ayer y nos movimos.
Ya estábamos a la vista del mismo Mariano Rosas; yo podÃa distinguir perfectamente los rasgos de su fisonomÃa, contar uno por uno los que constituÃan su corte pedestre, su séquito, los grandes personajes de su tribu, ya Ãbamos a echar pie a tierra, cuando, ¡sorpresa inesperada!, fuimos notificados de que aún habÃa que esperar.
Esperamos, pues…
Habiendo esperado yo tanto; ¿por qué no han de esperar ustedes hasta mañana o pasado?