Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Yo tengo cierta inclinación a lo pintoresco, y, durante mucho tiempo, no he podido sustraerme a la tentación de satisfacerla.
Y tengo la pasión de las capas, que me parece inocente, sea dicho de paso.
En el Paraguay usaba capa blanca siempre.
Hasta dormía con ella.
Mi capa era mi mujer.
Pero ¡qué caro cuestan a veces las pasiones inocentes!
Por usar capa colorada me han negado el voto en los comicios.
Por usar capa colorada me han creído colorado.
Por usar capa colorada me han creído caudillo de malas intenciones. Pero entonces, ¿cómo dicen que el hábito no hace al monje?
Decididamente, Figueroa es quien tiene razón:
«Pues el hábito hace al monje, por más que digan que no».
Me quité la histórica capa, me puse de pie, me acerqué a Epumer, y dirigiéndole palabras amistosas, le dije:
—Tome, hermano, esta prenda, que es una de las que más quiero.
Y diciendo y haciendo, se la coloqué sobre los hombros.