Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Yo—enché; tú o vos—eimÃ, nosotros—inchÃn, vieja—cucé, joven—elchá, linda—comé, fea—uedá, madre—nuqué hijo de padre—bótom, hijo de madre—piñem, grande— uchaima, chico—pichicai, mucho—entren, poco—pichin, blanco—lieu, negro—currü, cielo—ueno, sol—anti, luna—quién, tierra—truquen, mujer—curré, hombre—uentru, s×maÃ, asà es—pipi (modismo muy usual), no—müe, agua—co, fuego—quitral, viento—cürruf, frÃo—utre, calor del sol—comote anti, calor sin sol—comote arreün, pronto—matu, despacio—ñochi, sueño—umau amigo—weni, hermano—peñi, pasto—cachu, ceniza—entruequen, sal—chadileubú, de aquÃ, RÃo Salado se dice: chadileu—bú), monte—mamil, árbol—quiñemamil (quiñe quiere decir uno), cara—angé, ojos—ñe, boca—un, orejas-pilun, nariz—iu, mano—cui, brazo—lipan, barba—payun, pecho—rucú, piernas—loncó (de aquà loncotear tirarse del pelo), pescuezo—lai-pi, risa—aien; rabia—yarquen.
Poco más sé de la lengua araucana, no porque no haya tenido tiempo de profundizar mis estudios, sino por las dificultades con que tropezaba a cada paso cuando hacia una pregunta para aclarar alguna duda.
No se puede saber nada respecto a la conjugación de los verbos.
Lo mismo digo de los géneros.