Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles En vísperas de una gran junta, cualquier mala disposición era alarmante.
—¿Hay alguna cosa, compadre? —le hice preguntar a Baigorrita con San Martín.
—Sí, compadre —me contestó él mismo.
Habló con San Martín y en seguida me dijo éste:
Que Mariano Rosas le había contado muchas cosas de mí; que estando campado en Calcumuleu los había tratado muy mal a los indios; que a él le había mandado decir una porción de desvergüenzas; y que yo era muy altanero.
Le referí todo lo que había sucedido y su respuesta fue por boca de San Martín:
—Alguna intriga, compadre, porque nos ven de amigos.
Comprendí todo.
Durante mi permanencia en Quenque, me habían hecho la cama en Leubucó.
Mi compadre acabó de cenar, él y yo éramos los únicos que quedaban, al lado del fogón; los demás se habían recogido.
—Vamos a dormir, compadre —le dije.
—Bueno —me contestó.
Llamé a Carmen.
Me enseñó mi cama. Estaba al pie de un hermoso caldén.