Una excursión a los indios Ranqueles

Una excursión a los indios Ranqueles

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Repito la lectura de los artículos del tratado de paz. Los indios piden más que comer. Mi elocuencia. Mímica. Dificultades. El recuerdo de un sermón de Viernes Santo me salva. El representante de La Liberté en Bruselas y yo. Cargos mutuos. Argumentos etnográficos. Recursos oratorios. En el banco de los acusados. Interpelaciones ad hominem. El traidor calla. Redoblo mi energía e impongo con ella. Se establece la calma. Apéndice. Once mortales horas en el suelo.

Mariano Rosas me exigió que repitiera la lectura de los artículos que estipulaban la entrega de yeguas, yerba, azúcar, tabaco, etc., diciéndome que quería que todos los indios se enterasen bien de la paz que se iba a hacer.

Esta última frase, que se iba a hacer, dicha después de estar firmado, ratificado y canjeado el tratado de paz, era otra originalidad verdaderamente ranquelina.

No una vez sino varias la había oído ya: Me hacía muy mal efecto.

Las disposiciones de los indios en aquellos momentos, no eran las más favorables para obtener de ellos un triunfo oratorio; y la junta parecía que iba a tomar el carácter de un meeting, aprobatorio o reprobatorio de la conducta del cacique.


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