Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Pero considerando los infinitos desaguisados que acontecen y presenciamos de enero a enero, con motivo de la mezcolanza de sexos; las mujeres que abandonan sus maridos, los maridos que olvidan sus mujeres, las reyertas por celos, los pleitos por alimentos, los divorcios, los raptos voluntarios de inocentes doncellas, hechos desconocidos en Tierra Adentro, considerando todo esto, decÃa, lo cierto es que nuestra civilización es un asunto muy serio.
¡Con razón se predica tanto contra el baile!
Yo comprendo la indispensable necesidad que un hombre de Estado tiene de saber bailar. Porque, como decÃa Molière por boca de uno de sus personajes, cuando se dice que un ministro ha dado un mal paso, es porque no ha aprendido la danza, con lo cual el maestro de este arte le probaba al del florete la superioridad del baile sobre la esgrima.
Pero no comprendo la necesidad de que un médico o un abogado bailen.
Por supuesto que los indios, comprendiendo que bailar es un ejercicio, que a la vez obra sobre el sistema nervioso de una manera furtiva, conviene a la higiene del cuerpo; porque despierta el apetito y contribuye al desarrollo de la musculatura, les permiten a sus mujeres bailar solas de vez en cuando, reservándose ellos la parte que más adelante se verá.