Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Con quién vivÃa mi comadre Carmen. Una despedida igual a todas. Yo habrÃa hecho iguales a todas las mujeres. Grupo asqueroso. ¡Adiós! Una faja pampa. Arrepentimiento. Trepando un médano. Desparramo. Perdidos. El Brasil puede alguna vez salvar a los argentinos. Llegamos al toldo de Ramón.
Mi comadre Carmen vivÃa con su madre, su hija y un indio viejo, entre gallinas y perros.
Me esperaba, los demás dormÃan.
Conversamos de lo que nos interesaba y a la media hora nos separamos para siempre, quizá.
Yo habÃa cumplido mi promesa de visitarla, antes de salir de Tierra Adentro, ella la suya, comunicándome ciertas intrigas contra mÃ, que por una casualidad habÃa descubierto.
Nuestra despedida fue como todas las despedidas, triste.
Me dirigà al toldo de Villarreal, pensando en lo que es la mujer.
Me acordaba de lo que me habÃan hecho gozar y exclamaba interiormente: ¡son adorables!
Me acordaba de lo que me habÃan hecho sufrir y exclamaba: ¡son infames!
Estudiándolas y analizándolas, las hallaba fÃsicamente perfectas; espiritualmente me parecÃan monstruosas.