Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Yo coronaba con mi gente las crestas arenosas del médano, al mismo tiempo que en una dirección que formaba con la mÃa un ángulo recto; aparecÃa un pequeño grupo de jinetes viniendo de Leubucó.
Debe ser, dije para mis adentros, la contestación del capitán Rivadavia, y picando mi caballo, descendà rápidamente por la cuesta, recibiendo pocos instantes después una carta suya, pues, en efecto, los que venÃan eran mensajeros de aquel fiel y valiente servidor.
Mariano Rosas habÃa escuchado mi reclamo diplomático, y, a fuer de hombre versado en los negocios públicos, me ofrecÃa, en cumplimiento del Tratado de Paz, perseguir, aprehender y castigar a los que según mis noticias, habÃan andado maloqueando por San Luis, mientras yo tenÃa mis conferencias a campo raso con los notables de Baigorrita, de Mariano y de Ramón.
Promesas no ayudan a pagar; pero sirven siempre para salir del paso, y los indios, incansables cuando se trata de pedir, no se andan con escrúpulos cuando se trata de prometer.